TODO POR GARCÍA, PERO SIN GARCÍA

20 de noviembre de 2017, por Juan Giménez Olavarriaga

Todo por el pueblo, pero sin el pueblo” es la máxima que describe al despotismo ilustrado del siglo XVIII. Monarquías absolutas que, bajo el influjo de la Ilustración, querían mejorar las condiciones de vida de sus súbditos y que se vieron arrasados cuando ese mismo pueblo, a través de las ideas ilustradas, entendió que la democracia consistía en poner a esos monarcas a raya y pasaron de súbditos a ciudadanos. Es lo que tiene la cultura y la desalienación, que diría Marx. Se coge conciencia de clase y se pasa del “en sí” al “para sí”.

Todo sin García, pero sin García” viene a colación por la presentación de las candidaturas electorales para el próximo 21 de diciembre de Esquerra Republicana de Catalunyay Junts per Catalunya. Ambas han cuidado pulcramente la distribución de género entre hombres y mujeres en puestos de salida.  Esta pulcritud se lleva al extremo en la lista de Esquerra por Barcelona, en la que se alternan, casi milimétricamente el ying y el yang. No hay más que congratularse por este ejercicio de equilibrio y paridad. Feminicemos la política.

Sin embargo, dejan fuera estas listas (como ya lo hiciera en la pasada legislatura Junts pel Sí) otra paridad esencial que va a cobrar protagonismo en esta campaña: la paridad García.

Es revelador, en este sentido, que los apellidos más frecuentes en Cataluña sean, por este orden: García, Martínez, López, Sánchez, Rodríguez, Fernández, Pérez, González, Gómez, Ruiz, Martín, Jiménez, Moreno, Hernández, Muñoz, Díaz, Moreno, Navarro, Torres y Álvarez. Tienen ustedes aquí el dato del Instituto de Estadística de Cataluña. No hace falta decir más.

La cosa no tendría la menor importancia si no fuera porque la apelación al voto de los Garcíasva a ser importante durante la campaña. Y las políticas de uso de la lengua y fomento de la cultura, también.

Junts pel sí lo tenía claro cuando inició su andadura secesionista. Sin los García, no hay independencia.  Por eso fichó a Gabriel Rufián, quien no tuvo reparo alguno en desenterrar la palabra charnego para atraer el voto del cinturón obrero habitado por la emigración. Afirmó en su primera alocución en el Congreso de los Diputados:   “Soy hijo y nieto de andaluces que llegaron a Cataluña hace 55 años desde Jaén y Granada, soy lo que  ustedes llaman un charnego y soy independentista. He aquí su derrota y he aquí nuestra victoria“.

Las declaraciones de Rufián daban a entender que la humillación de los emigrantes a través del término despectivo charnego había sido cosa de “los españoles”, y que la mayoría de los charnegos abrazaban la independencia, al igual que hacía él desde la plataforma “Súmate” como gesto insumiso y de izquierdas frente a la derecha represora española. Como hijo de la emigración de mis padres, igual que él, quiero romper esa imagen sesgada que presenta este parlamentario. Traigo malas noticias para mi compañero en la charneguidad, quien no se sentirá ofendido si la emplea alguien tan charnego, al menos como él.

Por ignorancia o por malicia, Rufián deforma la realidad. Los parlamentrios del congreso de los diputados jamás nos llamaron charnegos. La palabra “xarnego” surge de las asociaciones radicales independentistas durante la transición, porque se entiende que el inmigrante no se asimila adecuadamente y es un elemento extraño a la cultura catalana, un elemento a exterminar. Por eso aparecieron las pintadas de “Xarnegos fora” en Cataluña. Ahora nos llaman colonos o mal asimilados, salvo que aceptemos sus tesis en auto de fe. De rodillas y en la plaza pública.

No existe constancia de declaración alguna de políticos españoles en la que utilicen dicha terminología. El término charnego lo acuña la oligarquía supremacista que ha colocado a Rufián en el Congreso. Esa oligarquía permite que Rufián sea el bufón gracioso, el “performer estrella” que hace salir una paloma, un conejito, una impresora o unas esposas de su chistera. Coreografías graciosas, discurso zafio y poco elaborado que sonrojan a su compañero de escaño Joan Tardà.

Mientras, esporádicamente vuelven a aparecer estos términos en paredes y mítines de Cataluña, como la que apareció en Ca n’Anglada, Terrassa, recientemente. Les aseguro que no la efectuaron constitucionalistas.

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Pintada aparecida en Terrassa el pasado 26 de octubre

El término charnego lo acuña parte de la oligarquía que ocupa las estructuras de JPCat y Esquerra, y que entienden que el castellano es una anomalía en Cataluña que debe, a lo sumo, tolerarse. Y ello sólo si da votos. Pero que no reparte juego entre los Sánchez, Gómez y Muñoces catalanes en sus listas con la misma escrupulosidad con la que elabora la distribución entre machos y féminas.

Me gustaría que la plataforma “Súmate”, a la que pertenece Rufián denunciara esta ausencia de paridad. Me gustaría que los charnegos independentistas denunciaran las declaraciones supremacistas de Núria de Gispert, diciéndole a Inés Arrimadas que se vaya para Cádiz. Me gustaría que denunciaran las groseras descalificaciones que vierte Jordi Galves contra Cornellá, pueblo charnego por excelencia, porque sus votantes no compran la república identitaria y define su coexistencia en Cataluña “como la de Chiquito de la calzada en Toquio“. Y me gustaría que se denunciara la palabra “colono” para referirse a cualquiera que no comulgue con ruedas de molino independentistas, tal y como hace Enric Cirici, Marc Serra Parés o Vicent Partal. Los dos últimos fuertemente subvencionados por los dineros públicos independentistas.

Al final, con independencia de nuestra procedencia, lo que está en juego es la convivencia y el respeto. Respeto que brillaba por su ausencia en el artículo 4 del proyecto de constitución de República catalana, que rezaba:

Artículo 4.

De la lengua

1.- La lengua propia de Cataluña es el catalán. El catalán es, por tanto, la lengua oficial de Cataluña y la empleada por la administración del estado.

2.- El español, lengua co-oficial en Cataluña, en virtud del dinamismo de que goza nuestro país. Su conocimiento será promovido entre la población. Los ciudadanos de Cataluña que prefieran expresarse en esta lengua con la administración del estado tienen el derecho de ser atendidos sin ningún tipo de discriminación.

3.- La lengua aranesa será objeto de enseñanza y de especial respeto y protección.

Pocos Garcías se sumarán entusiastas a este reconocimiento de su lengua en inferioridad de condiciones. Yo, al menos, no. Por muchos alardes de charneguismo que haga Rufi o por muchas esposas que saque de la chistera. No cuela.

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