PROCÉS Y GUERRA DEL RELATO (III)

 

Revisábamos en el primero de los post dedicados al relato independentista el mensaje primigenio cocinado por la coalición JPS en connivencia con las asociaciones ANC y Òmnium Cultural y en el segundo post la puesta en escena de dicho relato: el pueblo unido pide democracia y se convoca un referéndum plebiscitario. Sonrisas y mensajes postivos de democracia participativa popular. En este post veremos cómo se rompe este encuadre y se modifica a través de tres disrupciones: la disrupción de la unidad del pueblo, la disrupción de la represión estatal y la disrupción de la unidad del movimiento.

EL CAMBIO DE PARADIGMA: DE LA REPÚBLICA A LA REPRESIÓN

El paradigma del pueblo unido en mandato democrático se complementa con la represión del referéndum y la aplicación posterior del artículo 155. Es un movimiento activo del Estado, quien emplea el monopolio de la violencia que tiene encomendado para la defensa de la ley, en términos de Max Weber. A pesar de lo esperado de la reacción estatal, se pone en marcha el victimismo nacional y la escenificación de la lucha del pueblo oprimido.

Las excesiva represión policial del referéndum y las posteriores acciones judiciales, sin duda discutibles;, el encarcelamiento de los líderes, y la aplicación por parte del gobierno español del artículo 155 de la Constitución, avalado por el Senado, son la disrupción más grave del relato independentista que trastoca su mensaje en puro victimismo. ¿No esperaba el independentismo esta reacción? ¿Se pretendía escindir una parte del territorio nacional sin que el estado actuase con todos los recursos a su alcance? Parece que estas preguntas quedan ahogadas en el impacto emocional de las imágenes de la represión del referéndum que son constantemente reiteradas consiguiendo el momento de mayor impacto del proceso nacionalista y su internacionalización. En este momento, la que se denominaba “revolución de las sonrisas” empieza sus ataques inmisericordes a todo aquél que no comulgue con su dolor. El independentismo exige que la represión policial y el encarcelamiento de sus líderes sea visto por toda la sociedad desde su particular prisma político, so pena de ser tildado de franquista, represor o cómplice de la violencia estatal. Se intenta convencer a la ciudadanía para que vista lazos amarillos, empapelar edificios públicos, llamar al funcionariado a la desobediencia…Todo en vano. La sociedad, como veremos, está inexorablemente escindida.

La retórica victimista es una técnica demagógica que consiste en descalificar al adversario mostrándolo como atacante en lugar de refutar sus afirmaciones. Para ello el sujeto adopta el  rol de víctima dentro del contexto de la discusión, de tal forma que el otro interlocutor queda posicionado implícitamente frente a terceros como un impositor autoritario y su argumentación como mera imposición o ataque, según informa Wikipedia.

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Mensajes victimismas en inglés tendentes a obtener reconocimiento internacional del proceso

En esta línea, el victimismo de Puigdemont no tiene fronteras, y  atacará primero al Gobierno Español y posteriormente a Europa, quien ha indicado claramente que se trata de un asunto interno entre estados garantes de los derechos fundamentales.

“¿Es esta la Europa que quiere, señor Tajani?¿La que manda a un gobierno a la prisión? Juncker, Tajani, ¿aceptarán ustedes los resultados de las elecciones del 21 de diciembre? Si los ciudadanos siguen apoyando al Gobierno, al Parlamento que quieren un estado independiente, ¿seguirán ayudando al señor Rajoy en su golpe de Estado y la restricción de libertad? ¿Es esa la Europa que quieren?

Las declaraciones de Marta Rovira y del resto de líderes independentistas van en la misma dirección: señalar la represión el dolor y las amenazas del estado para explicar por qué no han podido culminar el “mandato popular”, contraponiendo el “ejemplar” movimiento democrático catalán con el “odioso” estado represor.

DISRUPCIÓN DEL MENSAJE DEL PUEBLO UNIDO

Por otro lado, con posterioridad a la declaración formal de la independencia emerge un nuevo factor que ha permanecido oculto durante todo el relato independentista: la oposición a su noción de pueblo a través de contramanifestaciones multitudinarias. La Cataluña que ama a España sale del armario, primero el día 8 de octubre; y lo vuelve a hacer el día 29 de octubre, consiguiendo unas cifras lo suficientemente potentes como para que no pueda seguir empleándose la noción de pueblo. Ha fracasado la escenificación popular y ahora nos encontramos con un pueblo absolutamente dividido, decantado en dos opciones irreconciliables.848564b0-9cb7-4562-8f62-e1c26099bdf8.jpg

El independentismo ha fracasado en su plan estratégico, al menos en tres de sus proyecciones:

1.- La seguridad de que la violencia iba a conseguir que muchos votantes no independentistas de izquierdas se sumasen a sus postulados consiguiendo así subsanar el déficit democrático de las elecciones plebiscitarias.

2.- La confianza en que la represión policial instase a la intervención de las autoridades europeas en la consecución de un referéndum pactado con el estado español. ¿Buscó el independentismo la independencia real o intentó negociar con el estado desde una posición de fuerza? Dada la multiplicidad de mensajes y estrategias, no lo sabremos con certeza hasta dentro de mucho tiempo.

3.- La escenificación de un pueblo unido en un único mensaje. Ahora se escenifica un pueblo tremendamente dividido e incluso enfrentado ideológicamente. Incluso dentro de sus propias filas, como explico a continuación.

 DISRUPCIÓN DE LA UNIDAD INDEPENDENTISTA

Por último, y ya en campaña electoral, el independentismo también quiebra la idea de unidad, concurriendo a las elecciones por separado. ¿Cómo explicar la quiebra del mandato democrático? Recordemos que el pueblo había exigido a sus líderes que unidos proclamasen la República. Esta materialización es impedida por el estado, pero, ¿Y la unidad? ¿Cómo explicar el abandono de la vía unilateral? ¿Por qué ERC y JPCAT no reeditan la coalición? A día de hoy los nacionalistas no pueden explicar esta incoherencia, y la disfrazan en la retórica del victimismo. Tras las elecciones auguro que esta fractura será aún más evidente.

En resumen, el relato inicial independentista está pulverizado, a excepción del relato del victimismo. Es un relato clásico del independentismo catalán, que ha intentado por todos los medios identificar a Puigdemont con un exiliado, a España con un estado franquista y a los españoles como bestias salvajes y corrruptas. Amnistía Internacional ha tenido que enmendarles la plana en un relato tan simplista y reductor. Sus bases siguien victimizadas comprando el mensaje. La sociedad, no.

El independentismo ha jugado la baza del enfrentamiento disfrazada de mandato democrático. Conocía el déficit democrático inicial del proceso, pero sabía que podía contrarrestarlo con la baza de la represión y amplificando su mensaje, con la intención de encontrar una solución pactada a través de mediadores europeos.

Ha triunfado en el primero de los objetivos, presentando a España como un estado represor y ha fracasado estrepitosamente en el segundo. Por el camino, deja un reguero de víctimas. Veamos cómo se recompone el relato.

A estas alturas, nadie duda de que el relato independentista está modificándose con rapidez a nivel interno, pero mantiene su mensaje sin fisuras a nivel externo. No se ha efectuado una adecuada reflexión sobre lo sucedido ni se hará hasta que no hablen las urnas. El 21 de diciembre. Pasarán al menos dos legislaturas para que podamos ver cómo evoluciona el relato de una sociedad que ha sido tensionada al máximo por unos dirigentes imprudentes.

Falta también la explicación de la gestión del conflicto desde la perspectiva estatal. El gobierno está intentando sacar rédito de una gestión cuanto menos polémica, quizás inevitable. Un proceso que ha servido para que los casos de corrupción del gobierno en el poder pasen como de puntillas por delante de todos nosotros y que deberían hacernos reflexionar sobre los círculos viciosos que retroalimentan el nacionalismo catalán y el inmovilismo del Partido Popular. Pero eso será el relato de las próximas elecciones generales.

 

 

 

 

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