EL MIEDO

El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror. Además el miedo está relacionado con la ansiedad. Al menos así lo define la Wikipedia. Para lo que nos ocupa, la definición nos vale.

El miedo y su corolario, la angustia, llevan tiempo instalados en la sociedad catalana. Como la gangrena, el sentimiento se extiende a todo el cuerpo social, como por ósmosis. Ha sido un argumento empleado con profusión durante la campaña electoral.

Fijémonos en la definición anterior: el miedo no requiere una base real. Puede ser imaginario. Subjetivo. Puede ser insuflado. Insinuado. Diseminado, como quien fumiga un campo con avioneta. Subrepticiamente. Intencionadamente o no. Una vez extendido, da igual su realidad. O su causa. Las consecuencias de una sociedad atemorizada, con motivo o no, son devastadoras.

Si habla usted con un independentista le hablará del poder represor del estado. Le explicará que el despliegue policial que hemos vivido desde los prolegómenos del primero de octubre ha encogido el corazón de los catalanes. Que sus hijos tienen pesadillas por la represión policial vivida en esa jornada. Que sus líderes están encarcelados unos, en el exilio otros. Que ya saben cómo acaba la película. Con procesos. Con muerte. Que tienen miedo de perder su identidad, de perder sus competencias y que la independencia, de ser un proyecto ilusionante, ha pasado a ser una huida hacia adelante para escapar del monstruo español.

Mientras tanto, otra parte de la sociedad anda con escoltas. Se insulta a sus representantes por la calle. Se les llama fascistas, identificándoles con la ultra derecha. Se llama colonos mal adaptados a todos aquellos que combaten un proyecto para Cataluña que se aleje de sus raíces, de su identidad. Se pide su expulsión. Tienen miedo del monstruo nacionalista, que ha vuelto a ganar limpiamente las elecciones y aspira a convertirlos o expulsarlos.

No importan las razones. Ni la realidad de lo que aquí expongo. El miedo es subjetivo. Todos justificarán su miedo. A fin de cuentas, el momento inicial del relato agresor lo sitúa cada uno en la eclosión de su temor. El detonante fue el otro. Inútil debate por descubrir si fue antes el huevo o la gallina.

Explicaba Michael Moore en su famoso documental “Bowling for Columbine” cómo las sociedades occidentales, especialmente la norteamericana, explotan ese sentimiento del individuo en beneficio del poder. Como dice la micropoetisa Ajo “Nos regalan miedo para vendernos seguridad“. A cambio de nuestras libertades individuales, añado yo.

Hacen falta líderes que desactiven la espoleta de esta bomba de relojería. Líderes que estén a la altura del momento. Por desgracia, no veo dichos líderes en el horizonte. A fin de cuentas, el miedo es rentable. Cotiza alto en la bolsa. Da votos.

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