JORDI CAÑAS EN ZARA BUSCANDO LA SALIDA, O A VUELTAS CON LA LENGUA

Grandes cadenas de implantación nacional en Cataluña, como Starbucks, Zara o la FNAC tenían hasta hace poco una extraña política lingüística: sólo rotulaban en catalán e inglés, prescindiendo del castellano, aludiendo que el catalán es el idioma oficial en Cataluña. Esta incongruente política ha variado recientemente en parte gracias a Jordi Cañas, político de Ciudadanos, que ha denunciado esta práctica que está siendo enmendada con celeridad por las empresas afectadas.

Gabriel Rufián ha tuiteado ingeniosamente al respecto lo siguiente:

Cuando penséis que estáis mal, acordaos que Jordi Cañas sigue atrapado en un Zara buscando la salida.

No le falta razón a Rufián, ya que nadie tendrá inconveniente en encontrar la salida, sortida o exit de cualquiera de las tiendas de Cataluña. Porque es una sociedad bilingüe.  Pero, ¿es casualidad que las tiendas rotulen exclusivamente en catalán e inglés, prescindiendo del castellano? ¿O nos hallamos ante una política consciente y deliberada impulsada desde el poder político para expulsar al castellano de la cotidianeidad en Cataluña? Veamos.

1.- MALDITO SEA EL NÚMERO CINCUENTA Y CINCO

No sólo por su rima malsonante. No sólo por ser la terminación de uno de los artículos que nunca debieron aplicarse en Cataluña. Sino porque, según el informe sobre política lingüística 2013 de la Generalidad de Cataluña, éste es el porcentaje de catalanes que tienen al castellano como lengua materna. 55% de castellanohablantes frente al 31% que tiene el catalán como lengua materna.

Por su parte, el 80% de los inmigrantes llegados a Cataluña prefieren emplear el castellano como lengua vehicular con independencia de su origen.

2.- BILINGÜISMO Y DIGLOSIA.

Bilingüismo es la situación ideal de que disfrutan dos lenguas instaladas en un territorio cuando sus habitantes las emplean indistintamente en sus relaciones, públicas y privadas. Diglosia es la situación en que, coexistiendo dos lenguas, una tiene un prestigio natural o fomentado desde el poder y se emplea como  lengua oficial, culta o lengua de prestigio, reservándose la segunda para el habla familiar o privada.

La dictadura de Franco estableció una diglosia en Cataluña al proscribir el catalán del ámbito público y las relaciones con la administración. No así en las relaciones privadas o en publicaciones de autores en esta lengua.

Sin embargo, el catalán retrocedió, como lengua de prestigio y como lengua en foros oficiales, así que existió un gran consenso en Cataluña durante la Transición  en cuanto al restablecimiento de su uso y normalización. Los gobiernos de Convergencia, sin contestación alguna se emplearon a fondo a través de cuatro herramientas fundamentales: La creación de la televisión pública TV3, la subvención generosa a editoras y medios de comunicación privados; la Ley de Normalización Lingüística y la educación.

Se pretendía (o eso se manifestaba) acabar con la diglosia a favor del castellano para implantar el bilingüismo real. Eso nos vendieron y muchos compramos: que se implantaban unas políticas para equiparar el uso de las lenguas y que el elemento político iría desapareciendo a medida que se normalizase el uso del catalán.

3.- PROTECCIONES CONSTITUCIONALES Y ESTATUTARIAS DE LAS LENGUAS

La Constitución Española (art. 3) consagra el castellano como la lengua oficial del Estado y el deber de todos los españoles de conocerla y el derecho a usarla; asimismo consagra el principio de cooficialidad el resto de lenguas en sus respectivas comunidades, reconociendo la riqueza del patrimonio cultural lingüístico. En justa correspondencia, el Estatuto autonómico de 1978 reconocía al catalán el estatus de lengua propia de Cataluña, la cooficialidad de ambas lenguas y la obligación de la Generalitat de garantizar el uso normal y oficial de ambas lenguas, con el objetivo de alcanzar la plena igualdad de ambas.

Esta configuración de cooficialidad de ambas lenguas que deben de ser promovidas en pie de igualdad se modifica con el actual y polémico Estatuto de autonomía de 2006, que consagra al catalán como lengua de “uso normal y preferente” de las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña. El término preferente fue proscrito por el Tribunal Constitucional, al implicar necesariamente la primacía de una lengua sobre otra y finiquitar, de facto, el status de igualdad jurídica reconocido a ambas lenguas cooficiales. Sólo se admite, por tanto, una interpretación del término que implique la igualdad de ambas lenguas para todos los catalanes. Ello no ha obstado, como veremos, para que los dirigentes nacionalistas siguieran implantando sus politicas diglósicas de eliminación del castellano.

Asimismo este Estatuto incorporaba dos novedades en cuanto a la lengua catalana, que no se limitaba a su aspiración territorial de lengua propia de Cataluña, sino que aspiraba por primera vez a su internacionalización en el marco de la UE y los organismos internacionales (ad extra) y hacia el resto de comunidades con lengua catalana (ad intra).

Se había sembrado la primera semilla discriminatoria en leyes de máximo rango en Cataluña.

4.- LEYES DE NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA

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Imagen de Norma, el personaje de ficción que puso cara a la primera ley de normalización lingüística de Cataluña

La primera ley de Normalización lingüística, de 1983 establecía como lengua vehicular única de la enseñanza el catalán, pudiéndose impartir en otras lenguas sólo las propias (inglés y castellano). Todos los libros de texto, los docentes y las clases son por tanto impartidas en catalán mediante un sistema obligatorio de “inmersión lingüística” de los alumnos en la lengua catalana. La principal ventaja de este sistema estriba en que los alumnos aprenden catalán y no se les discrimina lingüísticamente en aulas distintas, fomentando la cohesión social. Entre los inconvenientes que se han denunciado están la posibilidad de modelos alternativos bilingües menos coactivos, que no contemplen la inmersión (inspirados en modelos catalanistas como el de Rosa Sensat); la vulneración del derecho de los padres a elegir la lengua en que sus hijos sean educados (especialmente cuando existen recelos de contaminación ideológica de los docentes catalanes) y el alto índice de fracaso escolar de los castellanohablantes, tema éste que merece un estudio en profundidad.

La segunda ley de Normalización lingüística, de 1998 da un salto cualitiativo al establecer la PREFERENCIA del catalán para la administración pública, por las instituciones y por las empresas y entidades que ofrecen servicios al público (art. 2) además de incorporar los derechos lingüísticos de los ciudadanos, estableciendo asimismo el catalán como lengua obligatoria en las administraciones de Cataluña. Sin embargo, el salto cualitativo se produce cuando se establece un derecho cuasi ilimitado de los consumidores a recibir la contratación y toda la información de los prestadores de servicios en la lengua de su elección. Si bien la ley indica que es un derecho de todos los ciudadanos, su desarrollo normativo sólo protegerá a los catalanoparlantes En la práctica, el derecho del consumidor a recibir todas las prestaciones y servicios en catalán supone que éste puede obligar a empresas y particulares a que empleen dicha lengua. Y ello a pesar de que la sociedad catalana es bilingüe y entiende a la perfección ambos idiomas.

Cuando penséis que estáis mal, acordaos que Jordi Cañas sigue atrapado en un Zara buscando la salida.

5.- CONSECUENCIAS DE LA SEGUNDA LEY DE NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA

Si bien la Ley de Normalización Lingüística de 1998 estipulaba que los ciudadanos tienen derechos lingüísticos, la configuración normativa posterior forzó el término “preferente“, configurando derechos lingüísticos diferenciados entre castellanohablantes y catalanohablantes. Algunas de las medidas que se han ido adoptando para arrinconar el castellano de modo injustificado, con graves injerencias en el ámbito privado son:

  • El Código Civil de Cataluña exige que las actas de las comunidades de propietarios estén escritas en catalán. No existe el derecho a la redacción en castellano ni se deja libertad a las comunidades de propietarios para que redacten las actas en el idioma de su elección.
  • Exigencia para los inmigrantes de aprender al menos el catalán para regularizarse,
  • Establecer que la única lengua vehicular en la educación en todos los niveles y modalidades sea el catalán, con dos horas de castellano a la semana, suponiendo un auténtico revuelo mediático el intento por parte del estado de introducir una tercera hora de castellano.
  • No traducir al castellano las webs de servicios públicos oficiales, tales como la página web de la policía autonómica catalana, que ofrece su página en catalán e ingés, pero no en castellano. Actualmente, el 26 % de los ayuntamientos de Cataluña tiene su web traducida al español y más del 74% la tiene en catalán y otros idiomas, pero no en español.

7.- LA REPRESIÓN DEL CASTELLANO. MULTAS COERCITIVAS A LOS COMERCIOS.

Indicábamos anteriormente que, si bien la segunda ley de normalización lingüística establecía el derecho del consumidor a recibir la información en el idioma de su elección, la configuración legal de dicho derecho fue claramente discriminatoria. Esta discriminación se plasmó en el Código de Consumo Catalán de 2010, que ampliaba los derechos lingüísticos el derecho a recibir en catalán (nótese que no existe el derecho inverso del consumidor a recibir en castellano) la siguiente información:

  • Las invitaciones a comprar, la información de carácter fijo, la documentación contractual, los presupuestos, los resguardos de depósito, las facturas y los demás documentos que se refieran o que se deriven de ellos.
  • Las informaciones necesarias para el consumo, uso y manejo adecuados de los bienes y servicios, de acuerdo con sus características, con independencia del medio, formato o soporte utilizado, y, especialmente, los datos obligatorios relacionados directamente con la salvaguardia de la salud y la seguridad.
  • Los contratos de adhesión, los contratos con cláusulas tipo, los contratos normados, las condiciones generales y la documentación que se refiera a ellos o que se derive de la realización de alguno de estos contratos.

En consecuencia, esta ley establecía sanciones a aquellos establecimientos que no rotulasen en catalán; que no dispusiesen de toda la información al consumidor en catalán por vulneración de los derechos lingüísticos. NO ASÍ DE LOS CASTELLANOHABLANTES, en una flagrante discriminación lingüística. Las multas lingüísticas superaron los 50.000 euros de recaudación en el añó 2014, disparándose a los 140.000 euros en el año 2015. Los negocios principalmente afectados fueron los bares, donde se produce el agravante de que cualquier ciudadano entiende perfectamente los menús en cualquiera de los idiomas, por lo que la actividad inspectora de la Generalitat se centró, lisa y llanamente, en la represión del idioma castellano a través del empleo torticero de una ley discriminatoria que no defendía en pie de igualdad ambos idiomas. La cuestión llegó a la prensa internacional, siendo incluso reprobado por el conocido semanario The Economist

8.- LOS DELATORES INSTITUCIONALES

Este año el Tribunal Constitucional ha tomado cartas en el asunto, proscribiendo las multas lingüísticas por no atender en catalán a los usuarios. No así la rotulación de los comercios, que debe ser efectuada de conformidad con las directrices de las autoridades autonómicas.

Sin embargo,  esto no ha puesto fin a la persecución de las empresas que no dispongan de toda la información en catalán. Las organizaciones no gubernamentales que cooperaban con las autoridades de inspección delatando comercios han convertido sus actividades en lobbies que boicotean a todo aquél que no proporciona el servicio “catalan only” a sus clientes. Prácticas totalitarias y abusivas que están generando rencor y situaciones extrañas en la sociedad catalana. Entre las asociaciones activas en la coacción, denuncia y promoción de boicots se encuentan las siguientes:

 

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Santiago Espot, delator por antonomasia e hispanófobo declarado
  • Santiago Espot, líder de “Catalunya Acció”ha reconocido públicamente su hispanofobia y se ha jactado en múltiples ocasiones de haber denunciado más de 3.000 comercios por no disponer de toda la información en Catalán. Las multas rondan los 1.000 euros, llegando en ocasiones a 2.000 euros.
  • Del mismo modo, la organización Plataforma per la Llengua diseñó con dinero público una aplicación para móvil denominada Catalapp, donde los usuarios pueden indexar todos los comercios abiertos al público y dejar comentarios sobre el grado de cumplimiento de la catalanización de los negocios abiertos al público, y también presentar denuncias e intercambiar información para, como dice su eslogan “Vivir al 100% en catalán”

Al final, los delatores han concentrado sus esfuerzos en las grandes superficies: Mercadona, Zara, FNAC, Starbucks…

Cuando penséis que estáis mal, acordaos que Jordi Cañas sigue atrapado en un Zara buscando la salida.

9.- TV3 Y LA NORMALIZACIÓN

Antes de convertirse en una herramienta de agitación y propaganda independentista, la televisión pública catalana se convirtió en el gran instrumento de normalización de la lengua. Cuando se estrenó la famosa serie Dallas, todos quedaban fascinados al escuchar a Sue Ellen afirmar que no era una fresca: “Jo no feia el pendó” afirmaba, en un corectísimo catalán.

 

Es indudable el gran avance que ha supuesto para la lengua catalana la existencia de TV·3. Sin embargo, no lo es tanto la politización que se ha hecho desde la televisión pública de la ideología independentista y las consignas lanzadas en cuanto al uso de la lengua, entre las que se encuentran:

1.- Incorporar, en los boletines metereológicos, de modo sistemático, un mapa metereológico que se identifica con el mapa lingüístico de los territorios en los que se habla catalán (Cataluña, Valencia y Baleares), prescindiendo de otros territorios con fortísima vinculación histórica con Cataluña, como Aragón, que también comparten meteorología.

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2.- Impedir a toda costa que los presentadores puedan alternar de modo natural entre catalán y castellano, especialmente cuando se dirigen a un entrevistado que desconoce el idioma catalán, llegando al doblaje de castellanohablantes cuando estamos en una comunidad bilingüe.

3.- Despedir a colaboradores castellanohablantes de la radio y la televisión pública, siendo el caso más famoso el de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, quien denunció la persecución lingüística existente en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. No obstante, lo grave no son los despidos, sino la gente que nunca llega a contratarse.

4.- Retratando, en definitiva, un país imaginario e inexistente, al cercenar de su foco al 55% de castellanohablantes que existen en Cataluña y que quedan sistemáticamente excluidos de esta ventana a la realidad independentista.

Se ha hecho viral, en este sentido, la atención prestada por una presentadora de televisión a una telespectadora que intenta dialogar con ella, sin poder entender el catalán, hecho este que merece para la presentadora la siguiente frase: “haga usted unos cursillos de normalización lingüística, aprenda, vuelva y hablamos. ¿Le parece” Este es un ejemplo paradigmático de la inversión de la diglosia franquista, desde el prestigio del castellano hacia el catalán, impulsado desde el poder. La entrevista no es, ni mucho menos, reciente.

 

10.- A MODO DE RESUMEN

1.- Tiene razón Gabriel Rufián cuando indica que Jordi Cañas encontrará la salida en Zara, tanto si está en catalán como  en castellano. Pero el repaso de los principales hitos legisltativos existentes en Cataluña demuestran que la administración catalana ha sido sectaria y poco neutral en la defensa de los derechos lingüísticos de los catalanes.

2.- Las lenguas no tienen derechos. Los derechos los ostentan los ciudadanos, y éstos deben ser protegidos sin que exista ningún tipo de discriminación. La introducción de una “preferencia” lingüísitica en las leyes de mayor rango legal suponen un mal inicio de una andadura cuyas consecuencias estmos empezando a calibrar en estos momentos.

3.- Muchos ciudadanos hemos creído de buena fe que el catalán debía de ser fomentado en Cataluña al ser una lengua propia y al haber sido injustamente tratada durante el franquismo. Pero este desequilibrio no puede conducir a la erradicación sistemática desde el poder del castellano, llevándole a una paradójica situación. Por un lado, es la lengua materna mayoritaria de la población. Por otro, se le arrincona, cuando no se le expulsa de la vida pública en una diglosia simliar a la experimentada por el catalán durante el régimen franquista. No es de recibo alegar que dicha lengua ya disfruta de protección en el resto de España.

3.- Los derechos lingüísticos de los ciudadanos catalanes deben ser protegidos y reconocidos en pie de igualdad. Esto supone poner fin a políticas discriminatorias, sustituyéndolas por políticas de fomento de la lengua.

4.- La identificación entre política lingüística y lengua o política cultural y cultura puede conducir a situaciones paradójicas en las que la lengua y la cultura no sean patrimonio de todos. Hay que extremar la prudencia y la defensa de ambas lenguas para no generar una “balcanización” de la sociedad catalana.

5.- La situación actual no es producto del azar, sino de unas políticas lingüísticas y culturales que de modo consciente y deliberado nos han llevado a esta situación. Podemos ira a mejor. O a peor. Dependerá de nuestros gobernantes.

6.- Hace mucho tiempo que se está alentando la hispanofobia y la diglosia desde el poder y desde los medios públicos. Debe invertirse esa tendencia.

7.- El 55% de habitantes de Cataluña que tenemos al castellano como lengua materna hemos despertado y queremos que se respeten nuestros derechos, sin perjuicio de los derechos del resto.

8.- Jordi Cañas o Gabriel Rufián encontrarán la salida de cualquier Zara sin problemas. Otro asunto es si comprenderán adecuadamente el rótulo “Zara Home”: ¿Es un letrero en catalán y señala el departamento de caballeros, o es el nombre comercial de Zara para su departamento de artículos de hogar? La paradoja existe, aunque tiene fácil solución.

 

 

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