INDEPENDENTISTAS POR EL MUNDO

Es una máxima indiscutible de los independentistas que todo aquel que vive en Cataluña durante un tiempo y no habla catalán es un inadaptado. Ciudadanos de segunda, porque la tierra madre les acoge y ellos, despectivos, prefieren emplear otra lengua vehicular.

Una buena amiga que ha vivido por todo el planeta me hizo notar que los independentistas son muy contradictorios cuando se trata de recetarse su propia medicina. Ella ha vivido largas temporadas en Filipinas. En Brasil. En Urugay.  En todos los destinos había coincidido con indepes. Ninguno de sus conocidos había hecho el más mínimo esfuerzo por aprender tagalo. Guaraní. Apenas el portugués. Sin embargo, en cuanto llegan a su terruño se encaparran en reforzar su identidad a través de la monolengua e insisten en que quien no la habla, no es de aquí.

La segunda gran incoherencia es tratar de modo diferente la realidad hispanohablante frente a otros colectivos inmigrantes en Cataluña. Su enemigo a batir es el hispano, sea éste andaluz, madrileño, argentino o ecuatoriano. La cosa cambia si se topan con  un inglés o  un francés. Entenderán perfectamente que esta gente  hable lo que le dé la gana. Incluso se les hará el culo gaseosa por practicar y demostrar su mundología y hacer sus pinitos en lenguas foráneas. Hasta en castellano, si es preciso. El indepe monolíticamente monolingüe ante un hispanohablante quedará desarmado por la belleza de las razas arias, por el melífluo acento francés, por la flema británica, los acuosos y azulados ojos suecos y pasará automáticamente al modo sonrisa cosmopolita. Y si hace falta, se habla castellano. Faltaría más.

Sin embargo, pónganlos delante de un inmigrante pobre y ahí son los amos. El negrito de patera es la perfecta tabula rasa para aplicar sin complejos todos los experimentos nacionalistas. Se le puede  hablar en catalán. Y si no comprende, se le puede reprender, como quien coge a un niño en falta. Explicarle que si viene aquí a comer, es bajo las reglas de los patronos. También se le puede mentir y hasta prometer papeles, para que acepte su nueva realidad. Con ellos no son necesarias contemplaciones. Eso sí, habrá que aleccionarlo para que deje de ver telebasura española y se pase con armas y bagajes a la televisión nacional catalana como hacía Carme Forcadell durante las pasadas elecciones, cuando les decía que “todos seremos ciudadanos de la república catalana desde el primer día. Por lo tanto, no habrá problema de papeles“. Eso sí, ¡dejad de ver televisiones en castellano, ¡jodíos! (la paráfrasis es mía, sus declaraciones textuales las dejo por si alguien quiere consultarlas.)

 

Si estoy en lo cierto en los ejemplos expuestos anteriormente, nos encontramos ante un caso claro de supremacismo, de dogma lilngüístico fundacional. Recordemos que la nación catalana se orquesta no en torno a la raza (aquí ha habido excesivo contubernio a lo largo de los siglos) sino que el signo identitario es la lengua. Por lo tanto para la articulación nacional, es esencial la supervivencia del idioma.

¿Cuál es la tragedia del catalán? Su supervivencia a largo plazo está amenazada, por las leyes inmisericordes de la yuxtaposición lingüística, al contar con una lengua vecina mucho más poderosa como lengua de comunicación y prestigio internacional. No se me malinterprete, dejando a salvo la dignidad y la potencia cultural del catalán, lengua que amo y cultivo.

Tener esta lengua como vecina y competidora no es fácil. Unamuno ya indicaba que la envidia, esa “íntima gangrena española” era la quintaesencia nacional. el español (…) arde en el fuego de la envidia como el anglosajón (…) se quema en la hoguera de la hipocresía y el francés se consume (…) en la llama de la avaricia”. La solución es clara: convertir su supervivencia en la esencia de la nación y intentar la erradicación del resto de competidoras.

Al independentista le gustaría seguir yendo a Filipinas y no hablar guaraní. Pero que su lengua estuviera en pie de igualdad con la lengua española. Y eso, mal que les pese, no puede ser. Cuanto antes aceptemos esta realidad antes podremos trabajar todos para reformular las bases de la identidad catalana y española.

Y si todos los que vienen a esta tierra tienen que hablar catalán, que me lo digan en tagalo.

2 comments

  1. Cultivar el català sense emprar-lo és massa contradictori. S’ha de ser més subtil si es pretén enganyar a algú no radicalitzat.

    Molta sort en el teu intent de substituir la cultura catalana per un altre importada.

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