LA DIGNIDAD

Me amanezco hoy con el sonsonete independentista de la dignidad, que en primera persona queda feo, extemporáneo y poco propio. Según el mantra de los líderes procesistas, el pueblo catalán (el suyo sólo) muestra dignidad a todas horas, desde que se levanta hasta que se acuesta. Va a votar, recibe unos porrazos, y eso es dignísimo. Luego encarcelan a los líderes y todo atufa a dignidad por los cuatro costados. Se acercan al Parlamento a celebrar la proclamación de una República a la que no les da tiempo ni de aplaudir y son dignos. Cantan els Segadors en vibrato alto y les queda digno, digno. Dignísimo. Sale el fugado por la tele y venga dignidad. Se la prodigan sin desdoro unos a otros. Hasta la tocata y fuga de Anna Gabriel con alisado y queratina, cuello vuelto y look burgués es digno de cojones. Rahola llama digno a Carles, Carles llama digno a Rull, Rull llama digno al pueblo, el pueblo  llama digno a Carles. Guardiola se pone un lazo amarillo y venga carretadas de dignidad.

Visto así, la dignidad es la antesala de la beatificación. La Garrotxa, Osona y el Gironés ya no huelen a purines, sino a inicienso, de tanto beato elevado a los cielos y yayas convertidas en vírgenes mártires e incorruptiblemente asuntas. Dignas, dignas hasta la muerte o dormición eterna por las gestas llevadas a cabo por la patria. Lazos amarillos dignos, tractores dignos, manifestaciones dignas, políticos dignos de un pueblo que va a reventar de tanto mirarse el ombligo, efectuar coreografías preciosas y encender los iphones todos a una. Se non è vero, è ben trovato.

Antes, la dignidad era otra cosa. Extraigo un ejemplo de dignidad del Evangelio

Jesús estaba en el templo, y vio cómo algunos ricos ponían dinero en las cajas de las ofrendas. También vio a una viuda que echó dos moneditas de muy poco valor.  Entonces Jesús dijo a sus discípulos:

—Les aseguro que esta viuda pobre dio más que todos los ricos.  Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba; pero ella, que es tan pobre, dio todo lo que tenía para vivir.

La viuda no buscaba la dignidad: era digna. Y discreta. Y Cristo la coge como ejemplo. No a un discípulo, no a uno de los suyos. Ni siquiera le dice: “Señora viuda, cuánta dignidad”. Su gesto resplandece en el anonimato.

No sé si me explico. La dignidad es callada y no nos llega el feedback de la propia, sino que se proclama entre terceras personas. Es un efluvio contagioso. Una auctoritas que se impone sin buscarlo, irradiando, inapelable su evidencia incontrovertible.

La de los independentistas es un poco como su proyecto. Es dignidad no consensuada. Autodignidad. Dignidad unilateral.  Dignidad- DUI pret à porter, correveidile. Dignidad 2.0, cacareada por Twitter, por TV3…Se dice más aquí el digno que el guapa en la boda de la infanta Elena en Sevilla, pero ambos suenan igual. Como la falsa moneda, que diría la copla. Huecos y de cara a la galería. Un poco como el llanto de la plañidera en el entierro. De cartón piedra; falso.

La dignidad, en resumen, es algo muy serio y que no puedo autoproclamar porque se me ve el plumero. Si lo digo de mi mismo, o de mi tribu, suena peor que cuando dos verduleras se agarran por los pelos en el mercado y se insultan. Se mientan a las madres y las partes pudendas. Y una vez acabada la batalla, una levanta la cabeza y le dice a la otra: “Yo soy una señora“. Faltaría más. Lo peor de la dignidad sobada y prostituida es que a fuerza de descascarillarse va dejando en evidencia lo hueco de la frase y deja al descubierto la cruda realidad. Que el ridículo es de antología. “Yo soy una señora”

Creo que al político no se le pide dignidad, sino seriedad, coherencia y eficacia. Hechos todos ellos de los que han carecido los independentistas. Y al pueblo, que deje la miopía y se atreva con valentía a mirar la realidad que nos han dejado. La magnitud de la tragedia. Cuando eso suceda, empezaremos a dar el alta a mucho enajenado transitorio que deambula por las calles vestido de amarillo.

Quizás el diccionario de Pompeu Fabra debería recoger nueva acepción para la palabra. “Dignitat: Ridícul espantós que es dissimula col.lectivament per evitar l’autocrítica“.

Acabo esta reflexión con un vídeo que me viene a la cabeza cuando escucho tanta dignidad esparcida por todos los confines de nuestras comarcas catalanas. Son escenas dignas, pero no sé dignas de qué.

 

2 comments

  1. Una buena entrada. Lástima que los “dignos” nunca llegarán a tropezar con ella, y si lo hacen por casualidad, muy probablemente su “dignidad” les impediría pasar de la primera línea.

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