EMPEZAMOS LEGISLATURA EN PRIMAVERA

Paradójico, el tiempo, todo lo da y todo lo quita. Porque el reloj gobierna la rutina de los hombres, nada hay más objetivo que el tiempo, pero también nada hay más subjetivo que él cuando la espera lo paraliza y la emoción lo acelera. Nada más personal, nada más compartido. Nada más abundante, nada más escaso, (Julián Serna)

 

Hace escasos momentos ha finalizado la primera sesión del Parlamento catalán surgido de las urnas en 2017, concretamente el 21 de diciembre. Hemos pasado un invierno al calor del 155. Lacitos por aquí, lacitos por allá. Transferencias mensuales a las cuentas corrientes de nuestros representantes políticos a cambio de res. Tic, tac, tic tac…. La primavera, ¡Oh! ha venido y nadie sabe como ha sido. Con el Parlamento cerrado a cal y canto. La vida, bajo el 155, sigue igual, pero sin políticos. La sociedad, al final, “va fent“.

Las demoras por convocar la Cámara comienzan con Carles Puigdemont y la performance para internacionalizar el conflicto. Que se entere Europa de lo bárbara que es España. Europa toma nota; verifica que todo está en orden y al final resulta que la internacionalización es un boomerang: Una vez lanzado, su trayectoria oblonga te puede impactar en toda la jeta en su recorrido de vuelta. Ahora todos nos miran, nos miran, nos miran, que cantaría Gloria Trevi. Y nuestro estado de derecho, con sus imperfecciones, ha pasado la ITV.

No se está haciendo todo bien. Faltaría más. Las leyes y las instituciones son un traje que se  nos ha quedado pequeño. Pero aguantamos el tipo. Al traje legal le revientan las costuras por todas partes. Las leyes se están forzando. La aplicación de la ley no resolverá el conflicto. Se requiere diálogo.

La temporada de primavera exige -nos lo recuerda oportunamente el Corte Inglés- una renovación del vestuario. Al vestido de la democracia española le aguantan las hechuras, aunque empiezan a reventar algunas costuras y requiere de una renovación. Pasar del vestido ceñido a algo más holgado, más primaveral, que no apriete ni ahogue y nos permita sobrellevar estos kilos de más que nos hemos echado encima para que todas nuestras lorzas identitarias puedan desparramarse a gusto. Vuelo y flores.

Un vestido que es responsabilidad de todos renovar. Rajoy se ve guapo con los andrajos. Torrent, también insiste en coser y recoser el vestido de la anterior temporada. Zurzido por aquí, zurzido por allá y alfilerazos en el cuerpo social catalán. De Rajoy nada esperábamos. De Torrent, sí. Decía representar a todos y le creímos. Al final se presta al juego de los suyos. Decepción tras decepción en este invierno interminable. Primero anunció que llevaría ante Europa la defensa de los derechos de KRLS. Más tarde, propuso un candidato que está en prisión provisional. Muy épico y simbólico. Utopía que amenaza con  condenar a Cataluña a un eterno “invierno-155-Juego-de-Tronos (Winter is coooooming!) Tic, tac, tic, tac, tictactictactictac….

Y tras este invierno mano sobre mano en un plis-plas se convoca un debate para proponer a un candidato que mañana mismo podría estar inhabilitado por su participación en los sucesos nefandos: Jordi Turull. Convocatoria telefónica con una prisa tremenda y empieza el último acto del agónico procés. Zas! Giro de guión en un visto y no visto. E inesperadamente, se pone en marcha el reloj.

El candidato Turull lee fenomenal. No levanta la vista de un discurso monótono, infumable, que no se cree nadie. No le escucha ni su bancada. Se hubiera agradecido que le doblara Constantino Romero. O un niño de San Ildefonso. Por lo del ritmo y una voz más engolada, o más aguda, no sé…. Arrulla en su monótono desgranar de tópicos grises que se diluyen en la línea perfecta de la monotonía infinita.

Su correligionario Eduard Pujol enarbola el botafumeiro de la dignidad y todo el hemiciclo se llena de incienso sacro por los mártires caídos. Dignidad. Palabra regurgitada hasta la náusea referida -no podía ser de otro modo- a sí mismo, a sus correligionarios y al pueblo inmolado y consagrado para siempre en la desgraciada jornada del primero de octubre. Su pueblo. Los dignos. No puede quedar dignidad por repartir, a ver qué nos reservan en la cartilla de racionamiento del reparto de virtudes al resto de ciudadanos. En fin. Me remito a lo ya dicho en relación con el abuso de este concepto en el discurso procesista.

Los auténticos oradores y políticos de la cámara en esta sesión son Iceta y Doménech. Su discurso es conciliador. Dialogante. El diagnóstico acertado y el tono de sus intervenciones a la altura del momento. La mano tendida de Iceta es valiente y sincera. Doménech brilla. Da gusto escucharle. Cada uno, lógicamente, desde su particular visión de la sociedad catalana, pero conscientes del momento trascendental que estamos atravesando. Y lo que nos queda.

Y por último, la CUP. Puntillada al procés. Se acabó. Finito. That’s all, Folks. C’est fini. S’ha acabat el bròquil. No están dispuestos a seguir con la farsa. Ya era hora. Caras largas en los escaños procesistas. Desánimo evidente y como corolario Rovira, ForcadellBassa renuncian a sus escaños. Turull no va a ser el elegido.

Olvidaba mencionar que Arrimadas y Albiol estuvieron como siempre. Oposición.Y se agradece el recambio de Rovira por Sabrià.  NIhil novum sub sole.

Debería empezar ahora la hora de la política. El fin de la excepcionalidad. El cambio horario. La luz solar. El mañana, ya cercano, que se acerca.

A fin de cuentas, ya es primavera en El Corte Inglés.

Y el tiempo pasa.

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