JOAN PLANAS: “ME DICEN QUE UNA PIEZA MÍA IBA A ESTAR EN UN MUSEO Y NO ME LO CREO”

 Joan Planas (San Fruitós de Bages, 1982) es cineasta y fotógrafo. Empezó a los dieciocho años a contar historias. Ahora está a punto de estrenar el documental “Camino sin Límites”, “una historia de superación personal alrededor del amor, la familia y la vida”

Hace un par de años empezó a documentarse sobre el desencuentro entre Cataluña y el resto de España. Ese trabajo cristalizó en un libro de más de quinientas páginas y numerosas entrevistas, “España desde el bar”, un libro coral donde distintos españoles hablan de los temas que nos unen y nos separan.

Sin embargo, Joan, quien se confiesa más bien un desencantado de la política, llegó a los medios como el independentista que había dejado de serlo, eclipsando su trayectoria profesional. Esta anécdota, sobre la que hablamos en profundidad en nuestro encuentro ejemplifica la irrelevancia de una carrera sólida frente a una sociedad en la que las etiquetas importan más que las complejas realidades humanas o las realizaciones profesionales.

Qué mejor lugar que un bar para charlar  y reflexionar sobre su trabajo y nuestra sociedad. Joan sabe escuchar, pero tiene opiniones propias y no rehúye las preguntas. Ante todo llama la atención su humanismo. Que nada de lo humano le sea ajeno. Su energía y su insaciable curiosidad. Un antropólogo aficionado, con la cámara en la mano, reflexivo y buscando historias que contar. “Conocer, intentar entender a la gente, dejar que se expresen, que muestren su interior”.

CAMINANTE, NO HAY CAMINO

Empezamos la conversación hablando sobre su último proyecto, de estreno inminente. El documental Camino sin Límites, que narra una experiencia a través del Camino de Santiago.

“Empecé explicando el viaje a través de Instagram Stories para mis seguidores y de repente me vi encargando un micrófono por Amazon para que me lo enviaran al siguiente pueblo del Camino”

¿De qué va “Camino sin límites”?

– Dos hermanos, uno de ellos con una discapacidad del 95% subiendo una montaña después de hacer un montón de kilómetros, junto con las personas que les rodean. Una idea sencilla.

– ¿Tenías un guión previo?

­­- Estaba haciendo el Camino sin intención de trabajar, a mi bola, aunque grababa cada día algo para que mis amigos me siguieran. Como una serie de televisión de cinco minutos diarios. Poco a poco me voy cuenta de que esto no va conmigo. Que además de la aventura, necesito contar historias.

– ¿Ibas equipado para grabar?

– Iba con el teléfono y una cámara pequeña de 4k con una calidad muy profesional. Empecé explicando el viaje a través de Instagram Stories para mis seguidores y de repente me vi encargando un micrófono por Amazon para que me lo enviaran al siguiente pueblo del camino.

– ¿Cuál fue el catalizador?

– Cuando haces el Camino, todos experimentamos el dolor. Nadie te obliga, puedes abandonar, te duele todo y sin embargo, sigues adelante… ¿Por qué? Creí que había un tema interesante en la investigación de las motivaciones que llevan a la gente para seguir hasta el final. Y empiezo a comentarlo con el resto de caminantes, y en lugar de enfocar el dolor en términos negativos me hablan de ello positivamente.

– Pero tu documental se centra en la historia de dos hermanos, uno de ellos viajando en silla de ruedas.

– Sí. En el camino me hablaban constantemente de dos chicos que estaban haciendo el Camino y me decían que tenía que conocerles. A ellos también les hablaron de mí. Nunca coincidíamos, hasta que llegando al final, estoy sentado en una terraza y veo que llegan con su grupo y nos reconocemos y nos ponemos a hablar.

Cuando volvimos a coincidir en el albergue profundicé un poco más y pensé “me están encantando”. Y al día siguiente los acompaño y se rompe la silla de ruedas. Entonces les propuse la idea del documental. Me sugirieron grabar la ascensión del Cebreiro, la más dura del trayecto.

– ¿Qué te cautivó de la historia?

– La gente que estaba alrededor de los hermanos. Todos ellos tenían sus problemáticas y se habían aferrado a ellos como una manera de seguir adelante, como una esperanza, y me pareció apasionante. Pude ver las dinámicas de grupo y los problemas particulares de todos.

– ¿Tenías clara la idea y la intención cuando empezaste a rodarlo?

– Para nada. Recuerdo durante la grabación de la ascensión; era un día medio nublado y ni era épico, ni nada. Ellos lo estaban haciendo con una facilidad increíble y pensaba: “Vaya mierda. De aquí no saco un documental interesante ni de coña” porque es ridículo, súper sencillo, no es ni bonito… Y de repente alguien empieza a hacerme revelaciones increíbles, cosas que no se habían contado ni entre ellos…

– No vamos a hacer “spoiler”.

– No. A mi me lo cuenta y me quedo de piedra. Obviamente no se lo conté al resto y me sentí como un cura a quien le desvelan confidencias. Vas buscando una historia y la vida te sorprende. No sabía lo que me iban a revelar… también es muy importante saber sacarles las cosas.

Porque estás alerta y buscando, supongo…

– Sin darme cuenta. La peli y el guión salen durante el montaje. Cuando llegas al montaje ves cosas que no habías visto, otra realidad y surge el relato. Es mágico. No es como la ficción, donde trabajas con un guión previo. En el caso del documental, tal y como lo concibo yo, el montaje es fantástico, es el placer de descubrir la historia que hay escondida.

“BUSCANDO HISTORIAS” ENTRA EN LOS MUSEOS

– Museos como el Royal Ontario Museum, The Field Museum de Chicago y el Natural History Museum de Los Angeles han exhibido un documental tuyo.

– ¡Que me dicen que van a exhibir una pieza mía ahí y no me lo creo!

– ¿Cómo llegas a un canal tan poco ordinario como un Museo?

– Hace unos años inicié un proyecto por el mundo, una webserie documental llamado Buscando historias. Empezamos por Asia. Una de las historias era de una tatuadora de la tribu kalinga en un lugar absolutamente remoto e inaccesible de Filipinas. Ese vídeo tuvo mucho éxito y lo vieron más de diez millones de personas. Posteriormente el Museo Real de Ontario me contactó para incluirlo en un proyecto sobre tatuadores. Luego la exposición se ha hecho itinerante.

8462231349_17b5e614bb_b.jpg
Whang Od: la tatuadora kalinga (Foto J. Planas) El documental puede verse en el siguiente enlace

– ¡Menuda repercusión!

– Era la última mujer de la tribu que aún realizaba esos tatuajes y se iba a perder la profesión. Ahora tiene turistas que le van a ver. La nieta de su hermana ha aprendido el oficio y va a continuar la tradición. Quiero creer que he contribuido a ello.

Hay una carrera que es “dejar de ser independentista” y yo estudié esa carrera.

– Y sin embargo, tu trabajo ha tenido poca repercusión aquí…

– Ha tenido más repercusión mi posicionamiento político por alguna razón que no entiendo… Bueno; sí: porque el periodismo actual funciona por sensacionalismo…

– Te encasillaron como el independentista que se ha convertido al españolismo en lugar de centrarse en tu trabajo.

– Exacto. No como cineasta o fotógrafo. Hay una carrera que es “dejar de ser independentista” y yo estudié esa carrera. Un libro de 500 páginas que se ha recorrido toda España entrevistando a más de cien personas y esa es la etiqueta…

– Pero tu libro no va de todo eso.

– Efectivamente. Qué curioso, ¿verdad?

– Lo único que haces es entrevistar a gente para que te dé su visión del conflicto catalán, su visión de España…

– Exacto. la idea es visitar todas las capitales de España entrevistando a un montón de gente. Alguna gente que me parecía radical, hablando con él cara a cara es otra cosa y se queja de las mismas cosas que te quejas tú…

¿Y de ahí a la etiqueta?

– Cuando empecé a promocionar el libro conté mi experiencia de cómo me cambió escribirlo, desde un punto de vista ideológico. Lo hice primero por respeto a toda la gente que habla y se expresa en el libro. Les debía también expresar mis opiniones. Y cuento que he hecho este cambio, algo anecdótico…

BIENVENIDO A LA TIERRA DE LOS EQUIDISTANTES

– No sé si sigues siendo nacionalista.

– Hay personas que no nos sentimos nacionalistas ni nos identificamos con los otros nacionalistas. Las posiciones se han radicalizado…Además es un problema no haberme ido al otro extremo porque estoy en una tierra de nadie.

– La tierra de los equidistantes…

– Efectivamente, y si a mí me linchan de un lado el otro no me apoya, así que te linchan por los dos lados y bueno, pues mejor me callo.

– ¿Cómo pensabas antes de escribir el libro?

– En la escuela durante la adolescencia la mayoría de mis amigos eran independentistas. Hace poco descubrí una funda de gafas donde dice “Independencia, Terra Lliure” y todo tipo de eslóganes. Ya ni me acordaba, y me sorprendió.

los catalanes sois unos maleducados porque no habláis castellano con quien no os entiende” El problema ya no es que no nos entiendan, pensaba, sino que no nos quieren entender. Cualquier cosa que salga de Cataluña van a decir que no porque es catalán y punto.

– ¿Y tu familia?

– En mi casa no eran ni de un lado ni de otro. Vivía dos realidades diferentes. Por parte de mi padre a su abuelo se lo llevaron los republicanos y lo mataron. Por parte de mi abuelo  es un catalán que vino a vivir aquí desde el sur y he escuchado como le llamaba cabrón a Franco y he crecido con sus relatos y sus historias… Está claro que la dictadura de Franco era una mierda, pero el otro lado tampoco era todo tan bonito.

– Pero no te metías en política.

– A mí no me habían educado en la militancia política. Discreción, búscate un trabajo, sé bueno…

– ¿Y cuál es el punto de inflexión?

– Cuando me voy a Madrid y sale Wert diciendo que quiere españolizar a los catalanes y se niega el pacto fiscal, las firmas contra el Estatut y algunas experiencias que tuve en Madrid.

– ¿Qué experiencias?

– Gente que me decía “los catalanes sois unos maleducados porque no habláis castellano con quien no os entiende” El problema ya no es que no nos entiendan, pensaba, sino que no nos quieren entender. Cualquier cosa que salga de Cataluña van a decir que no porque es catalán y punto.

– Pero luego haces el camino inverso…

– Al inicio del procés alucinaba cuando volvía a Cataluña y veía banderas en todas partes. Descubres mucha gente gente que se ha pasado al independentismo, ves un cambio grande. En esta época es cuando viajo por Asia contando historias y empiezo a distanciarme. Entrevisto gente de culturas muy lejanas y les entiendo.

Y al ver que empeora el tema España-Cataluña, decido que también quiero entender. Empiezan a chirriarme muchas cosas que se dicen desde el bando independentista.

– ¿De la catalanofobia a la hispanofobia?

– Exacto. Cosas como “los españoles son tontos, son catetos” o “Allí el IVA no lo pagan” Y quien te decía esto a la vez te decía: “Me he hecho una casa estoy pagando las obras en negro” Tomé la decisión de hacer una película sobre el tema, pero para evitar tópicos y prejuicios tenía que documentarme. Ahora hasta hay medios que han negado que yo hubiera sido independentista en algún momento, ponen mi palabra en entredicho.

No debería de haber países. Que cuando se tome una decisión aquí se tenga en cuenta a lo que pasa en el resto del planeta; que tus hermanos no fueran solo los de tu país, sino también los de otras partes del mundo

– De un lado o de otro, claro

– Influenciados por lo que te cuentan y porque no vemos al otro. Algo que descubrí es que en Cataluña sólo nos vemos a nosotros. Le preguntas a alguien ¿qué problemas tienen en Extremadura? y no tienen ni idea, ni les importa.

Cuando hablaba con los gallegos me contaban que allí tienen problemas con la gente mayor, no hay suficientes ayudas. En Asturias me decían que vosotros tenéis el AVE y aquí no llega el tren. De las cosas que más me sorprendió fue que muchos españoles no se sentían españoles, se sentían de su comunidad pero no español. Me decían “yo soy madrileño pero no orgulloso de ser español, soy español por accidente”, este es un sentimiento que parecía solo lo tenían los catalanes o vascos y en realidad está por toda España. Llegó un momento que pensé que estaba entrevistando a catalanes disfrazados de gallegos… Igual estoy hablando con un catalán independentista…

– Y en éstas llega la primera consulta…

– Sí. Me tocó ir a votar y ahí es donde dije: “Tengo que reflexionar sobre todo lo que he escuchado, todo lo que he visto. Yo no quiero la independencia de momento, no me parece que el tema esté tan mal porque he visto que con la gente se puede hacer un país mejor.” Al ver todas estas actitudes distintas, me doy cuenta de que he conocido más gente que piensa como yo, que quiere un país más avanzado, que hay mucha desinformación. Y me doy cuenta que el rechazo que creía que había no es real. Al menos yo no lo viví a través de la gente que entrevisté.

– En el libro también entrevistas catalanes.

– Sí, un poco antes de la votación maldita y violenta del uno de octubre, voy por Manresa, el valle de Aran y el Delta del Ebro a entrevistar a gente. Y  empiezo a ver que la cosa se ha idiotizado. Las críticas que hacíamos al español zafio y desinformado, nacionalista empiezo a verlo en el catalán medio.

– ¿Has sufrido fractura en tu entorno próximo?

– Yo apoyo que haya un referéndum vinculante para la independencia, y en una comida familiar, con este posicionamiento, defiendo que hubo un plebiscito que no se ganó; lo dijo hasta la CUP. y me suelta un familiar que soy un facha y que el plebiscito nunca se hizo. Ahí pienso que esto se ha ido de madre. Todo se ha radicalizado un montón. Ya no hay la amabilidad en el debate que había antes…

– ¿Con amigos y conocidos?

– Una vez me pasó esto con este familiar, decidí no hablar. Ni me gusta un lado ni me gusta el otro. Uno nunca me gustó y el otro me dejó de gustar. No hay una opción que me guste.

– Pero al rechazar la independencia eres automáticamente unionista..

– A mí me hace gracia lo de unionista. Mira, yo no sé si unionista, pero si explico mi idea seguramente es unionista radical, porque considero que no debería de haber países. Que cuando se tome una decisión aquí se tenga en cuenta a lo que pasa en el resto del planeta; que tus hermanos no fueran solo los de tu país, sino también los de otras partes del mundo. Sé que es utópico, pero me gustaría que nos agrupásemos por comunidades, y no lo de ahora que es un poco troglodita. Me gustaría que dejara de existir España como tal. Que fuéramos algo así como Suiza…

– Joan, ¿esto tiene arreglo?

– Me gustaría creer que sí.

A mí también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s