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COMPANYS, NO ÉS AIXÒ. (LOS BARCELONESES NO SOMOS CIUDADANOS DE SEGUNDA)

bandera-espana-barretinaQuerido conciudadano de Barcelona:

Te escribo estas líneas para que recuperes tu orgullo de Barcelonés y digas BASTA. Da igual qué ideología tengas, de dónde provengas y si te levantas de la cama por el lado derecho o por el izquierdo. No es de recibo que tu voto valga exactamente la mitad que el voto de un ciudadano de Lérida, cuando pagamos más impuestos y tenemos que tener, en la coyuntura actual, el mismo poder de decisión que los ciudadanos de la periferia catalana. Está en juego el modelo de convivencia, de país, de futuro a través de unas elecciones calificadas de plebiscitarias y que pueden suponer el primer paso hacia la independencia de Catalunya respecto de España.

El asunto sería menos polémico si las circunstancias fuesen otras. Pero ante unas elecciones tan trascendentes y donde va a ser suficiente (“Mas dixit“) mayoría de escaños para desconectar del resto de España, los barceloneses tenemos tanto derecho como los del resto de provincias catalanas a que nuestro voto se cuente con igual ponderación. Mi argumentación se basa en tres puntos fundamentales.

PRIMERO.- LA DEMOCRACIA EXIGE UN SISTEMA ELECTORAL PROPORCIONAL EN CATALUÑA

Un hombre, un voto. Y esta correlación hombres-votos, debería traducirse en votos-escaños. Esto no es así por una fórmula matemática, (la conocida “Ley de Hondt“) que hace que los votos se no se traduzcan automáticamente en escaños. La Ley d’Hondt tiene sentido en la Ley electoral española (y de hecho beneficia a Cataluña) pero es inaceptable que se aplique de puertas adentro en nuestra comunidad. Los barceloneses no lo merecemos.
La Ley de Hondt, vigente en España y en Cataluña, es perfectamente democrática. De hecho, está vigente no sólo aquí, sino también, entre otros países europeos como Austria, Bélgica, Croacia, Esolvenia, Francia, Grecia, Países Bajos, Polonia, Portugal, la República Checa y Suiza. En el caso español se optó por este sistema para premiar el voto que se concentra en un determinado territorio frente al voto disperso por todo el territorio nacional, favoreciendo conscientemente  a las nacionalidades históricas (Cataluña, País Vasco, Galicia) frente a otras formaciones que, obteniendo el mismo número de votos, lo tuvieran disperso por toda España.

De este modo se consigue dar un peso más importante a Cataluña Convergencia, por ejemplo, que a Izquierda Unida, y éste es el motivo principal por el que nuestra autonomía ha tenido mayor protagonismo en la historia reciente de España. Por poner un ejemplo gráfico, en las elecciones al Parlamento español del año 2011 Convergència i Unió obtuvo un millón de votos (exactamente 1.015.691), lo que representó un total del 4.17 % del total de votos emitidos en toda España. Por su parte, Izquierda Unida obtuvo más de un millón y medio de votos (exactamente 1.686.040 votos), correspondientes a un 6.92%. ¿Cómo se tradujeron estos votos en escaños en el Congreso? Convergencia obtuvo 16 diputados, mientras que Izquierda Unida obtuvo 11 diputados.

SEGUNDO.- LA LEY ELECTORAL ESPAÑOLA TIENE QUE SER DISTINTA DE LA CATALANA

Este desequilibrio electoral español es absolutamente normal e intencionado: los padres de la Constitución española del 78 querían primar, favorecer, dar voz y poder a las fuerzas que obtuviesen una representación cualificada en un territorio concreto, para que nuestro sistema electoral reflejase la pluralidad de España. Mal que le pese, por cierto, a la derechona, quien ha puesto el grito en el cielo cada vez que el nacionalismo catalán ha sido necesario para la gobernabilidad de España, lo que ha sucedido tanto con gobiernos del PSOE como del PP.

La Ley electoral española se aprobó  en el 78 con el acuerdo unánime de todos los partidos políticos, que entendían que el PNV, CiU y el resto de partidos de fuerte arraigo regional deberían ser “premiados” o beneficiados para que la pluralidad del estado español estuviese presente en el Congreso de los Diputados,reconociendo así el hecho diferencial de las autonomías históricas.Aquí no hemos sido capaces de alcanzar este nivel de consenso democrático.

¿Es trasladable la fórmula española a Cataluña? En mi opinión, absolutamente no.  En Cataluña no existe un factor diferencial que justifique que un voto concentrado en Lérida o en Gerona valga más que un voto en Barcelona.  (salvo quizás en el Valle de Arán), Cataluña, evidentemente no es España y su población permite perfectamente un sistema más proporcional que reconozca la igualdad y el peso de los votos de todos los catalanes por igual.Lo contrario es claramente discriminatorio e injustificado. Y si no se comparten los argumentos que expongo, que se expliquen y que se apruebe de una vez la ley electoral que llevamos tantos años esperando.

TERCERO. NO EXISTE LEY ELECTORAL CATALANA PORQUE AL NACIONALISMO NO LE CONVIENE
Cataluña tiene transferidas las competencias para desarrollar una ley electoral propia desde que se aprobó la Constitución española. Es responsabilidad exclusiva de los gobiernos catalanes no haberla implantado.  La Constitución  concede a las autonomías pleno poder de decisión para desarrollar su propia ley electoral. Para ello,  sólo exige un requisito: que se apruebe mediante Ley Orgánica (esto es, mediante mayoría absoluta del Parlament)

Esta competencia la recoge el Estatut en su artículo 56. Llevamos treinta y cinco años esperando a que esta competencia se haga realidad en una ley propia,  y sin embargo todos los gobiernos catalanes han fracasado en esta ley imprescindible, muchísimo más necesaria que el desarrollo de embajadas, bancos nacionales y otras instituciones que, sin negar su oportunidad, nos afectan muchísimo menos. Esta ley no se ha aprobado porque la mayoría de las fuerzas catalanistas, que han tenido un predominio claro en los sucesivos hemiciclos que se han constituido desde 1978 no lo han hecho para no perjudicar sus interseses electorales.

Diarios tan poco dudosos de su compromiso independentista como el Ara Avui, el Punt Avui o el Diari de Girona constatan este fracaso, que siempre se salda del mismo modo: los partidos independentistas (los que tienen que perder con una ley proporcional) de un lado. El resto, del otro.Y en medio, los barceloneses, con su medio voto en todas las elecciones desde el inicio de la democacia. La explicación es muy clara. Si tuviéramos una ley electoral propia, el procés se habría encallado irremisiblemente.

En las circunstancias actuales esta omisión supone una gravísima irresponsabilidad y un grave déficit democrático. ¿Declarar la independencia con mayoría de escaños? ¿Aunque no se traduzca en mayoría de votos? ¿Y teniendo treinta y cinco años de trayectoria sin desarrollar una ley electoral justa por pura conveniencia electoral? Mal se construye un país si suscimientos están peor construidos que las casitas de paja y madera de los tres cerditos del cuento.
Por este motivo, el actual escenario plebiscitario que ha dictado el President de la Generalitat, Artur Mas, iniciar un proceso de independencia sin desarrollar una ley electoral propia por intereses partidistas es un gran fraude y un gran robo político a todos los barceloneses. Nuestra contribución colectiva a la grandeza de Catalunya en es muy superior a la que realizan las provincias periféricas. Somos más (en concreto, cinco millones y medio de habitantes de los siete millones y medio del pais, esto es el 73% de la población), pagamos más impuestos, recibimos menos. Y a la hora de votar, valemos la mitad. Queridos barceloneses, cuando leáis los resultados electorales en las próximas elecciones, fijaros en los votos, no en los escaños. ¿Es de recibo intentar conseguir objetivos políticos con estas reglas de juego?

Como barcelonés y como catalán, estoy harto de este robo democrático. El voto de un urbanita debería valer lo mismo que el de un payés. Pero claro, entonces los números no dan. Parafraseando al cantante de Verges, “No era això, companys, no era això” Feliz Diada.

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VISTO POR MADRID

Por Juan Gimenez Olavarriaga

Son modernos; van de dos en dos, con cámara réflex al cuello y disparan a todo lo que se menea. No me refiero a los japoneses de visita turística a la Sagrada Familia de Barcelona, sino a la nueva moda que se ve por las calles de Madrid. Blogueros en busca de una instantánea nueva de lo cotidiano, fotógrafos de primavera a falta de algo mejor en el currículum, artistas diletantes y snobs con camarón al cuello de safari urbano. Abundan y superan al turista medio, éste con camarita compacta, mucho más discreto y equipado para vagar por la ciudad sin avasallar con el disparo ostentoso el flash revelador o la pinta de soylabombacreativacréame.

Los he visto en Arco, de galería en galería; viajaban conmigo en el avión, captando instantáneas sin mirar, levantando la cámara y disparando en diagonal hacia el pasillo del avión; paseaban por Malasaña, siempre de dos en dos aunque en ocasiones el camarón sólo lo sostenía uno de ellos, mientas el/a otr@ oficiaba de compañer@ admiraror@; descansaban de su periplo delante del Reina Sofia. Y todos con cámara grande.

Lo grande está de moda en Madrid. No hay más que recorrer sus calles. No sólo son las cámaras réflex de los modernos, son las raciones en los restaurantes, que no hay quien se las acabe (qué fue de la comida fusión y los platos cuadrados con sushi?), los auriculares-orejera que sustituyen a los auriculares intra auditivos, los ipads y smart phones frente a los ipod nano y los móviles mini de hace unos años. Todo se engrandece, todo se hace mayor, más funcional, menos mini… y más ostentoso.

Caballo grande; ande o no ande. Y que se vea bien.

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PROMESAS A TODA VELOCIDAD

Juan Giménez Olavarriaga

Mientras continúa la polémica por la modificación de los límites de velocidad anunciados por el Govern recientemente iniciado de Artur Mas, los ciudadanos ya pueden apresurarse a recurrir cualquier multa que se les haya impuesto o se les imponga en los tramos objeto de modificación, ya que, caso de permitirse circular a mayores velocidades que las permitidas hasta ahora, deberían retirarse las sanciones impuestas con anterioridad por el principio de retroactividad de disposiciones más favorables al interesado.

El requisito fundamental para poder hacer valer este derecho está en que las sanciones que se hayan impuesto no hayan ganado firmeza, y que el exceso de velocidad sancionado en su momento no pudiera haberlo sido con la nueva regulación. Y ello es así en base al principio de retroactividad de las normas sancionadoras favorables al infractor consagrado en el artículo 128 de la LRJ-PAC:”Las disposiciones sancionadoras producirán efecto retroactivo en cuanto favorezcan al presunto infractor”, disposición que también contiene el reglamento que lo desarrolla (Art. 4 RPS) que reitera que “las disposiciones sancionadoras no se aplicarán con efecto retroactivo, salvo cuando favorezcan al presunto infractor

He aquí una razón más para que la polémica supresión de los límites de velocidad, o su ampliación, haya pasado de ser una promesa electoral de enganche de Artur Mas a convertirse en un “sí, pero…” en los momentos actuales. Mas afirmó durante la pasada campaña electoral que suprimiría los límites actuales de velocidad, sin matizar ni desarrollar esta promesa. No es lo que se está aplicando en estos momentos, en los que ya se ha anunciado que dichos límites se mantendrán en 23 de los 78 quilómetros afectados por la regulación (es decir, en casi un 30% de los viales) y se ampliarán las velocidades máximas permitidas, pero en función de criterios como el tráfico y la contaminación atmosférica, lo cual significa relajar dichos límites,pero en ningún caso suprimirlos.

No debe olvidarse que a la alta contaminación que está sufriendo estos días Barcelona debe añadirse esta otra razón; la del descenso de ingresos en las arcas públicas por todas las multas que puedan recurrirse para hacer valer la aplicación de la regulación más favorable al ciudadano, argumento que, de momento, no resuena en los medios informativos pero que puede pesar en el ánimo de los gobernantes actuales.

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